jueves, 21 de marzo de 2013

Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela: su nombre impreso en un miserable trozo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Confesions.

Mentiría si dijera que ya nunca sueño contigo, que no recuerdo tus formas de respirar.
Mentiría si dijera que merezco que algún día vuelvas a confiar en mi pero también si dijera que no hay momentos en que hasta incluso te echo de menos.
Nunca fuiste lo que buscaba, pero quédate seguro de saber que conseguiste ser todo lo que necesité. Tu risa, tu confianza, tu corazón por estrenar, tus palabras tímidas...
Fuiste capaz de hacerme olvidar por un tiempo. Pudiste crear en mí nuevos motivos, nuevas batallas (todas derrotas, por desgracia).
Pude ver como te rompías, como pude hacer volar por los aires esa bomba de relojería que guardabas en el lado izquierdo del pecho, esa bomba que supo como darme vida y razones suficientes como para no hacerla estallar.
Lástima. Acabé contigo. Con nuestro pequeño mundo de tonterías y pequeños detalles. Les puse alarma a nuestros dulces sueños, impidiendo así su eternidad, forzando el fin.
Creéme si te digo que lo siento. Que me hubiera gustado ser todo eso que creiste que era, todo eso que dije sería para ti, contigo. Creéme si te digo que me hubiera encantado poder cumplir mis promesas y haberte querido a mi lado para toda la vida.
Nunca cambies porque fuiste (eres)increíble. Permíteme asumir nuestra catástrofe. Asumir la culpas de nuestro final prematuro.
Gracias por todos los momentos en que me hiciste feliz. Gracias por no olvidarme, aunque te sobren motivos.

sábado, 26 de enero de 2013

Perdóname.

Perdóname los silencios, las malas caras, las faltas.
Perdóname el ser lo que quieres pero no lo que esperabas.
Perdóname que no pueda vivir sin tus manos ni tu boca.
Perdóname que solo pueda quererte a medias de verdad.
Perdóname por no tener cojones para perder el miedo y quererte un poco más.
Perdóname por no poder cambiar.
Perdóname por enamorarme de ti a sabiendas que, pase lo que pase, seguramente, eso no podrá cambiar nada.

Perdóname que no pueda ser lo que mereces, por que nunca sea suficiente, por no querer que te vayas, por necesitarte tanto que me duele.

Nunca olvides que te quiero.