miércoles, 22 de mayo de 2013

Toco tu boca


Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

     Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y nuestros ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.
                                                                      -Julio Cortazar.

viernes, 3 de mayo de 2013

De tu cuerpo y yo.

Romper las normas
como cuando me rozaste en aquella cama
olvidando el miedo a mi mirada
loca, por supuesto,
por cada una de tus pestañas.

El viento que creabas
al abrir los ojos y cerrarlos
como el aire en verano
tan necesario como que seas mi almohada
y más tarde mi despertador,
ese que sabe como despertarme,
dándome el placer de 5 minutos más.

Tan necesario
como temblar al notarte cerca
las noches de invierno
o las tardes lluviosas de domingo.

Llegar a verano
y tener mono
de helado sabor tus besos,
difíciles de encontrar
más allá de la heladería de tu cama.

Heladería que calienta
todo lo que roza.
La tela de araña
con matrícula de honor
en eso de tu cuerpo y el mio,
atrapados por unas sábanas
y una ropa
que solo saben estar de más.

Calmar mi calor
comiéndote entero.
Follarme tu corazón
y más tarde a tus miedos.
Saberme la dueña
de cada gota
que da brillo a tu cuerpo.

Follarme tu corazón
y más tarde
hacerte el amor de nuevo.

jueves, 21 de marzo de 2013

Un escritor nunca olvida la primera vez que acepta unas monedas o un elogio a cambio de una historia. Nunca olvida la primera vez que siente el dulce veneno de la vanidad en la sangre y cree que, si consigue que nadie descubra su falta de talento, el sueño de la literatura será capaz de poner techo sobre su cabeza, un plato caliente al final del día y lo que más anhela: su nombre impreso en un miserable trozo de papel que seguramente vivirá más que él. Un escritor está condenado a recordar ese momento, porque para entonces ya está perdido y su alma tiene precio.